Reformas “Líquidas” (I): Política de contingencia (Rafael Jimenez Asensio)

Estamos, parafraseando a Bauman, en tiempos líquidos. Y en estos difíciles tiempos las respuestas políticas son también del mismo carácter. Nada solidifica. No hay tiempo o no se le deja. No hay discurso a medio plazo. Las “medidas” que se adoptan es obvio que “son líquidas” (algunas incluso con plazos de caducidad que poco después se incumplirán), pero las reformas que se aprueban y aquellas otras que “se anuncian” no están exentas de ese atributo tan propio de la política del momento como es la “liquidez”. Y esto es más grave. Duran poco, se modifican, mutan, se alteran, a impulsos de una coyuntura tiránica, sin respiro ni sosiego. Gobernar así, en este contexto, debe ser muy difícil, no lo oculto. Gobernar con ansiedad es lo menos recomendable. El buen gobierno requiere de una serie de virtudes y atributos que se compadecen mal con las prisas desmedidas, la improvisación y la evidencia de que termino haciendo todo lo contrario a lo que en su día propuse.

 

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